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El cólico del lactante

El cólico del lactante, también llamado cólico de los tres primeros meses de vida, es un cuadro sin causa conocida aparente que se caracteriza por un llanto frecuente injustificado. Es comúm que aparezca alrededor de la segunda semana de vida, momento en el cual el bebé empieza a presentar estados de rigidez y stress acompañados de encogimiento de piernas, deduciéndose situaciones de dolor de vientre que desencadena la expulsión de gases en forma de ventosidades.

Con todo, no esta demostrado que la causa principal pueda deberse a dolores de estómago y acumulación de gases en el intestino en el momento de ingerir la leche ya que cuando el bebé llora traga mucho aire, lo que hace suponer también que el foco de las molestias pueda proceder de otra fuente diferente a la relacionada con los procesos digestivos.

Lo normal es que ese tipo de llanto venga ocasionado por ese cajón de sastre llamado cólico donde se incluyen varios problemas, como por ejemplo que el bebé sea alérgico a la leche de vaca, que puede ser la del biberón o la de la propia madre ingerida en su consumo lácteo habitual, aunque un reflujo que no llegue a causar el vómito puede también irritar y provocar sensación de malestar en el esófago del pequeño.

Para tratar y controlar el cólico del lactante se pueden seguir las pautas siguientes (siempre con la supervisión del pediatra, que debe descartar algún tipo de alergia a la leche de vaca):

  • Eliminar de la dieta de la madre cualquier alimento que pueda ser un estimulante del sistema nervioso, como por ejemplo la cafeína o algún tipo de bebida que contenga un compuesto similar.
  • Poner remedio a los gases intentando que el bebé succione la menor cantidad de aire posible en el momento de la toma del biberón o comiendo a través de la teta de la madre.
  • Descartar la presencia de algún tipo de problema que pueda ser más evidente, como por ejemplo que haga calor, frío, que este sucio o que no note la presencia de compañía cercana.
  • Poner en práctica buenas técnicas para calmarlo; darle el chupete, mecerlo, que sienta contacto físico, hablarle cariñosamente, etc.
  • Muchas veces es mejor acompañarle y aceptar su llanto porque las propias ganas de que cese el mismo puede ponerle más nervioso e irritarle.
  • Contar con ayuda para poder turnarse en los momentos más críticos y conseguir estar bien descansad@.

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